Mi enfoque desde Jerusalem David Mandel # 637

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·       Incidente diplomático

·        Lo que logrará la "Primavera Árabe"

·        Marwan Barghouti y sus simpatizantes

·       A más educación, menos religión

·   Entrevista a un Ministro de Arabia Saudita

·        En la Corte del Rey Herodes (Memorias de Nicolás)

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Incidente diplomático

Mi Enfoque #637, Abril 28, 2017 por David Mandel   Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

El Primer Ministro Benjamín Netanyahu rehusó encontrarse con Sigmar Gabriel, Ministro de Relaciones Exteriores de Alemania, debido a que el diplomático alemán, a pesar del pedido de Netanyahu, insistió en encontrarse con los dirigentes de la ONG Rompiendo el Silencio.

Rompiendo el Silencio es una organización minúscula de ultra izquierdistas, financiada por extranjeros, desacreditada en Israel, cuya misión es diseminar falsedades, especialmente en el extranjero, acerca del ejército de Israel. Sus acusaciones a soldados de ser criminales de guerra son anónimas, sin evidencia, y nunca son presentadas a cortes civiles o militares en Israel. La organización usa esas acusaciones para demonizar al ejército de defensa de Israel.

Uno de los fundadores de Rompiendo el Silencio fue filmado en un video hace un año diciendo a un grupo de turistas que israelíes envenenan pozos palestinos de agua.* El coordinador de Relaciones Públicas de la organización declaró hace unos meses que "disparar a soldados no es terrorismo"** .

En cualquier país normal esa organización habría sido debidamente investigada, posiblemente juzgada por subversión, y, si habría sido encontrada culpable, sería puesta fuera de la ley.

No es sorpresa que Sigmar Gabriel prefiriese encontrarse con Rompiendo el Silencia que a tener una reunión con el Primer Ministro de Israel. En el año 2012 expresó públicamente su convicción de que Israel es un régimen apartheid, y que la organización terrorista islámica Hamás debe ser incluida en el proceso político.

Lo que hace el comportamiento de Gabriel aun más descortés, ofensivo e inaceptable es que su visita a Israel tenía como objeto participar en ceremonias del Día del Holocausto.

Evidentemente, los sentimientos anti-judíos en Alemania de altos oficiales del gobierno, expresados en la década de los 30 del siglo pasado, continúan existiendo.

* https://www.algemeiner.com/2016/06/15/newly-released-footage-reveals-controversial-whistle-blower-breaking-the-silence-telling-tourists-that-israeli-settlers-poisoned-palestinian-wells/

** https://www.algemeiner.com/2017/01/17/left-wing-israeli-ngo-official-shooting-idf-soldiers-not-terrorism/

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Lo que logrará la "Primavera Árabe"

Mi Enfoque #637, Abril 28, 2017 por David Mandel   Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Las demostraciones y revoluciones en varios países árabes, a las que los comentaristas dieron el nombre de "Primavera Árabe", comenzaron con una tragedia individual, con el suicidio de un vendedor ambulante en Túnez. Hoy continúan con guerras civiles que han afectado y siguen afectando a millones de personas en Siria, Irak, Libia y otros países.

Paradójicamente, las revoluciones árabes no causarán grandes cambios en el mundo árabe que continuará siendo dominado por dictaduras, sino en Europa, donde la inmigración descontrolada dará lugar, posiblemente antes de fines de este siglo, a la islamización del continente europeo.

La "primavera árabe" dará lugar al "invierno europeo".

Lo que los musulmanes no lograron mediante sus ejércitos lo lograrán gracias a la demografía. Los "nativos" europeos tienen un índice de fertilidad menor al mínimo (2.1 hijos por pareja) que es necesario para mantener estable la población. Los inmigrantes musulmanes tienen 6, 7, 8 hijos por pareja.

Lo que ocurre hoy en Europa es una repetición de los eventos que causaron la caída del imperio romano. Poblaciones que escapaban de la agresión de tribus aguerridas pidieron asilo en el imperio romano, y terminaron adueñándose de él. Los hunos invadieron Europa y la tribu de los visigodos pidió asilo a los romanos. Estos abrieron las puertas para un enemigo peligroso que, en el año 378, derrotó al ejército romano y mato al emperador Valens en la batalla de Adrianápolis.

Los musulmanes que escapan de los fanáticos de ISIS y de las luchas entre sunnis y shiitas son recibidos indiscriminadamente en Europa. Los millones de islámicos que ya residen en Europa hacen que la situación sea irreversible.

En las palabras del insigne estudioso del Islam, Bernard Lewis, "Europa está perdida".

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Marwan Barghouti y sus simpatizantes

Mi Enfoque #637, Abril 28, 2017 por David Mandel   Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Marwan Barghouti es un terrorista palestino que fue juzgado en una corte civil israelí por 37 ataques terroristas contra soldados y civiles israelíes. En mayo del 2004 fue condenado por 5 cargos de asesinato y declarado inocente, por falta de pruebas, por otros 21 asesinatos. Fue condenado a cinco cadenas perpetuas más 40 años de cárcel.

A pesar de haber sido juzgado y condenado por multiples asesinatos hay israelíes que sienten simpatía por él. Por ejemplo el periódico Haaretz lo llama el "Nelson Mandela palestino". El autor del nefasto Acuerdo de Oslo, Yossi Beilin, ha pedido un indulto presidencial para Barghouti. Shimon Peres prometió indultarlo si era elegido presidente, pero, evidentemente, recapacitó, y nunca lo indultó. Los miembros árabes de la Knesset lo visitan constantemente. El obispo sudafricano anti-israelí lo ha propuesto como candidato al Premio Nobel de la Paz. Haim Oron, ex jefe del partido de izquierda Meretz lo visitaba en la prisión con frecuencia. El famoso escritor Amos Oz le envió su libro Historia de amor y oscuridad, en traducción árabe, con una dedicación personal que dice: "Esta historia es nuestra historia. Espero que usted la lea y nos entienda mejor, así como nosotros tratamos de entender a ustedes. Espero verlo pronto en paz y libertad".

No es muy probable que los parientes, padres, hijos, cónyuges, de los asesinados por Barghouti compartan la simpatía que Haaretz, Beilin, Oron y Oz sienten hacia el "Mandela palestino".

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A más educación, menos religión

Mi Enfoque #637, Abril 28, 2017 por David Mandel   Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Hoy leí una estadística que me pareció muy interesante. La prestigiosa organización Pew Research Center hizo un estudio en los Estados Unidos sobre la correlación del nivel de educación con el nivel de religiosidad.

En la comunidad judía la correlación es negativa. Mientras más años de educación (secular) tiene la persona menos considera que la religión es importante para él o ella. La mayoría de los judíos que no han tenido educación universitaria creen en Dios, y el 40% de ellos dice que la religión es importante en sus vidas. En contraste, sólo el 25% de los judíos con grado universitario cree en Dios.

Los judíos ortodoxos generalmente tienen menos años de educación secular que los no ortodoxos. 93% de los judíos ortodoxos que no tienen educación universitaria creen en Dios, pero entre los que han estudiado en la universidad el porcentaje baja a 82%

Entre los judíos no ortodoxos (conservativos o reformistas) el 45% de los que no han ido a la universidad creen en Dios, comparado con sólo el 23% de los graduados universitarios.

En el caso de los cristianos no hay ninguna correlación positiva o negativa respecto a la creencia en Dios entre personas de más o menos educación universitaria. Un cristiano graduado es tan religioso como un cristiano no graduado.

Otro estudio de la misma organización reveló que los judíos son el grupo religioso (creyentes y no creyentes) con el mas alto nivel de educación, y el mas alto nivel de ingresos, seguidos por los hindúes, y luego por los episcopales, presbiterianos y otras religiones cristianas. En último lugar están los musulmanes.

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En la Corte del Rey Herodes (Memorias de Nicolás)

Mi Enfoque #637, Abril 28, 2017 por David Mandel   Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Nicolás es una persona que realmente existió, pero cuya obra ha sobrevivido sólo en fragmentos y menciones por el historiador Josefo Flavio. Fue una persona multifacética: filósofo, historiador, político, educador y diplomático. Tuvo el privilegio de hacer amistad con los tres hombres más importantes de su época: Marco Antonio, Herodes y Cesar Augusto.

En la novela combino el relato de la vida y aventuras de Nicolás, los hechos históricos y las descripciones de la vida cotidiana en esa época, tanto en las altas esferas como en los barrios más populares de Roma. Mi intención fue hacer sentir al lector que él es contemporáneo de los personajes, en la forma más amena y entretenida que me fue posible.

La versión digital se puede bajar de Amazon.com y leer en Kindle, Ipad, Iphone, Samsung, etc.

La versión impresa se envía por correo certificado. Para recibir precio e información de envío escribir a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Aquí va, de muestra, el primer capítulo

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Ayer falleció el emperador Augusto, y hoy circulan en Roma rumores de que murió envenenado por su esposa Livia. Fue el último en irse de los tres grandes hombres de mi generación,  el general Marco Antonio, el rey Herodes y el emperador Augusto, que me honraron con el título de amigo.

Hoy, cuando pluma en mano doy comienzo a estas memorias, el recuerdo que más me enorgullece es haber sido consejero y confidente del rey Herodes.

Muchos me preguntan si es cierto que Herodes mató a su esposa favorita y a tres de sus hijos. ¡Por supuesto que es verdad! Pero, preguntémonos con sinceridad, ¿acaso todos somos perfectos? Los mató, pero tenía sus razones. Si uno está o no está de acuerdo, eso ya es otra cosa.

Lo que si es una burda mentira es el rumor de que Herodes mató a  los niños de Belén. ¡Totalmente falso! Herodes mató a unos cuantos hombres en Belén y también en otros pueblos―en ese sentido no discriminaba ni tenía víctimas favoritas― ¡pero nunca mató a niños en Belén! Esa es una calumnia, inventada por algún enemigo de Herodes, de los pocos que sobrevivieron al rey.

Me llamo Nicolás. Soy descendiente de griegos que se radicaron en Damasco después de la muerte de Alejandro Magno. Hace setenta y ocho años, un mes antes  de  mi  nacimiento,  Pompeyo  el Grande conquistó Siria, mi país natal, y la convirtió en provincia romana. Esto me confirió el mejor regalo que he recibido en toda mi vida: el título de ciudadano romano.

No tengo familia. Nunca me casé ni tuve hijos. Durante mi larga vida he sido historiador, filósofo, orador, dramaturgo, y diplomático. Hablo griego, latín, arameo, árabe, egipcio y hebreo. Soy autor de una historia universal que consta de ciento cuarenta y cuatro tomos. Mi biografía de Herodes complació tanto al emperador Augusto que me obsequió la casa donde hoy vivo, en el Barrio XIV de Roma, al otro lado del río Tiber.

Mi padre pertenecía a una de las más distinguidas y ricas familias de Damasco. Su ambición era que yo recibiese la mejor educación posible. Con ese objeto hizo traer de Atenas a Felipe el Macedonio, el principal filósofo y maestro de esa época. Yo demostré una asombrosa aptitud para el estudio. Cuando aún no había cumplido treinta años, mi fama como filósofo, historiador y escritor se había extendido por todo el mundo civilizado, desde Egipto hasta Roma. Varias de mis obras, especialmente mis "Comentarios sobre Aristóteles", son consideradas lecturas imprescindibles en las más prestigiosas academias del imperio.

¡Imagínense mi orgullo cuando recibí una invitación del General Marco Antonio para ir a Alejandría y ser el tutor de los hijos que había tenido con la reina egipcia Cleopatra! Acepté de inmediato.

Dos semanas después subí a una nave en Beirut y pocos días más tarde llegué a Alejandría.

Una escolta de soldados romanos me recibió en el puerto con trompetas y espadas descubiertas, y me llevó al palacio real, la residencia de Marco Antonio y Cleopatra.

Cleopatra me recibió en el Salón del Trono y me dio la bienvenida saludándome en griego. Esto no me causó sorpresa ya que yo estaba enterado de que la familia real de Egipto descendía de Ptolomeo, uno de los generales griegos de Alejandro Magno, quienes, después de la muerte del conquistador, dividieron el imperio entre ellos. Lo que si me llamó la atención fue escuchar a Cleopatra dar órdenes a su doncella en el idioma egipcio, una lengua que sus antecesores siempre habían rehusado hablar, por sentirse superiores a los habitantes nativos.

La doncella hizo una reverencia, salió de la habitación y regresó con mis flamantes pupilos, Cesarión, el mayor, hijo de Julio Cesar, y los tres niños, hijos de Marco Antonio: los mellizos Selene y Helios, y el niñito Filadelfo de dos años de edad.

―Niños, les presento a Nicolás de Damasco quien desde hoy será vuestro tutor. Quiero que lo traten con todo el respeto que se merece. Salúdenlo y regresen a sus habitaciones―les dijo Cleopatra, hablándoles en griego.

Los niños me hicieron una reverencia, besaron a su madre, y salieron del salón acompañados por la doncella.

Yo había aprovechado esos minutos para mirar a Cleopatra, y tratar de verificar si su fama de mujer cautivadora correspondía a la realidad. Era de estatura mediana, cabello negro, cara ovalada y ojos azules. Su voz era dulce y musical. Calculé que tendría unos treinta y cinco años. Muchos la consideraban hermosa, pero mi primera impresión fue que su nariz era prominente y sus pechos demasiado amplios. Naturalmente, todo esto es cuestión de gusto personal. El hecho es que tanto Julio Cesar como Marco Antonio, ambos con merecida reputación de mujeriegos, quedaron prendados de Cleopatra, más por su carácter e inteligencia que por su belleza física. Con el correr del tiempo llegué a sentir gran admiración hacia ella por su brillante intelecto, su erudición, y su talento administrativo y político que le permitió prolongar la independencia de Egipto por unos años más.

Durante las siguientes semanas me enteré de que Cleopatra había sido proclamada reina al cumplir los diecisiete años de edad, y se había casado, cuando aún era adolescente, con su hermano Ptolomeo, de acuerdo a la antigua tradición de su país. El matrimonio duró hasta que Cleopatra derrocó a su hermano y ordenó que lo maten. Luego, tuvo amores con Julio Cesar, cuyo resultado fue un hijo al que llamó Cesarión. Después de la muerte de Cesar, asesinado en Roma, Cleopatra se enamoró de Marco Antonio, el gran amor de su vida.

―Nicolás, la escolta de los soldados te acompañará a la casa que te he asignado. Instálate, descansa, y ven esta noche al palacio a cenar con nosotros―me dijo Cleopatra despidiéndome con una sonrisa.

Los soldados, la mitad de ellos marchando delante de mí y los otros atrás, me condujeron al barrio griego, (Alejandría está dividida en tres barrios, el griego, el judío y el egipcio), a una bella casa situada en medio de grandes jardines. En la puerta de entrada me esperaban las sirvientas y los esclavos. Me recibieron con reverencias y me llevaron a mis aposentos. Allí reposé durante toda la tarde. Llegada la noche fui al palacio.

Los guardas en la entrada habían recibido órdenes de recibirme. Me condujeron a una habitación donde doncellas me desnudaron y frotaron mi cuerpo con aceite. Luego, me vistieron con una lujosa túnica, y una de ellas me llevó al comedor del palacio. Era una habitación de enormes dimensiones, iluminada por grandes candelabros. Las paredes estaban pintadas con frescos de paisajes del río Nilo. En uno de los lados de la habitación una banda de músicos tocaba el arpa, la lira, el címbalo, la flauta y el pandero.

Era difícil moverse en el apretujamiento de hombres elegantes y bellas mujeres, entre los cuales circulaban sirvientes llevando bandejas cargadas de comida y jarras de vino. En el centro de la habitación estaba una escultura de bronce: un asno cargando dos canastas, una contenía aceitunas verdes, y la otra aceitunas negras.

En los costados de la habitación habían colocado divanes donde los comensales comían reclinados. Sobre las mesas había jarras de leche, cántaros de vino, y platos de carne de puerco desmenuzado, frito en aceite de olivo con olorosas mezclas de hierbas, pimienta y nueces. Otros platos contenían salsas de vinagre, miel, pimienta, hierbas y especies. Predominaba el punzante olor del garum, un plato considerado como delicadeza en Egipto. Consiste de una salsa de sabor fuerte, hecha con desperdicio de pescado dejado en remojo en agua salada durante varias semanas.

Cleopatra estaba reclinada en uno de los divanes y, a su lado, estaba sentado un hombre que la acariciaba mientras bebía un vaso de mulsum, una embriagante mezcla de vino hervido y miel. ¡Era Marco Antonio, el más famoso general de Roma!

Cleopatra me vio y le susurró algo en el oído a Marco Antonio. El general alzó sus ojos y me contempló con curiosidad.

―Bienvenido Nicolás. Quiero presentarte a Marco Antonio, mi esposo y padre de tus pupilos―me dijo Cleopatra.

―¡Así que tú eres Nicolás de Damasco! Eres más joven de lo que yo imaginaba, pero espero que justifiques tu fama y que mis hijos se beneficien de tus enseñanzas―exclamó Marco Antonio.

―Haré todo lo que pueda para satisfacer a Su Majestad y a Su Excelencia―les contesté.

―De eso estoy segura―dijo Cleopatra―pero ahora quiero que disfrutes de esta velada. Escucha la música, prueba estos deliciosos bocados y conversa con mis invitados. Tus pupilos te esperarán mañana al medio día en el palacio.

―Con su permiso, Su Majestad―. Les hice una reverencia y fui en busca de un diván desocupado.

Encontré un diván vacío cerca de la pareja real, me recosté en él, y me dediqué a saborear los platos que me traían los sirvientes, y a escuchar las melodías que tocaban los músicos. Pero al mismo tiempo no podía quitar mis ojos de la reina egipcia y de su esposo, el general romano.

Marco Antonio era un hombre fornido, de cabello castaño enrulado, cortado a la usanza romana, con guapas facciones masculinas que explicaban su gran éxito con las mujeres. Tendría, cuando lo vi esa noche, cerca de cincuenta años de edad. Se había casado cinco veces. Había contraído matrimonio con Cleopatra sin tomarse la molestia de divorciarse de su cuarta esposa, Octavia, violando así la ley romana que prohíbe la bigamia.

Yo había escuchado tanto acerca de Marco Antonio que me parecía conocerlo personalmente, pero era muy distinto verlo frente a mí. Sabía que había sido amigo íntimo de Julio Cesar y que ahora, después de derrotar a los conspiradores que habían matado a Cesar, compartía el gobierno de los dominios romanos con Octavio, el hijo adoptivo del asesinado dictador. Verlo en Egipto, tan lejos del Senado, centro del poder en Roma, me hizo pensar que, si algún día habría una pugna entre los dos líderes, el hecho de que Octavio estaba en Roma le daría una ventaja decisiva sobre Marco Antonio.

La cena, según me lo explicó uno de los comensales, era para celebrar la exitosa campaña militar de Marco Antonio que había culminado con la conquista del reino de Armenia. En una o dos semanas se llevaría a cabo, en la principal avenida de Alejandría, el tradicional triunfo, procesión con la cual los romanos festejan las victorias de sus generales.

Confieso que esa noche consumí más vino que comida. Era ya la madrugada cuando salí del palacio y regresé a mi casa. En el camino tropecé con un muchacho y conversé con él. Accedió, a cambio de unas cuantas monedas, a acompañarme a mi casa y compartir por unas horas mi lecho y mi soledad

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