#639 (23) Mayo 12 2017

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El suicidio demográfico de Europa

Bélgica y Holanda contra el judaísmo

La nariz de Mahmoud Abbas

La Universidad Ben Gurión: epicentro de la acusación de apartheid

Abril 2017 fue un mes record de turismo

     El sobreviviente (capítulo de un libro que estoy escribiendo)

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El suicidio demográfico de Europa

Mi Enfoque #639, Mayo 12, 2017 por David Mandel   Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

La Tasa de Fertilidad necesaria para que la población de un país se mantenga estable es de 2.1 hijos por mujer en lugares como Europa donde la mortalidad infantil es muy baja, o de 3 o 4 en países que sufren de alta mortalidad infantil. Un promedio inferior a los dos hijos por mujer causa una disminución del tamaño de la población y una edad media cada vez mas elevada.

Estas son las Tasas de Fertilidad de algunos de los países europeos:

Gran Bretaña 1.89

Alemania 1.5

Holanda 1.7

Francia 2.07

Suecia  1.88

Personas, incluyendo políticos, que no tienen hijos, no tienen, por definición,   interés personal en el futuro, lo cual no es generalmente el caso de personas que tienen hijos y nietos.

Teresa May, primer ministro de Gran Bretaña, no tiene hijos. Tampoco los tienen la Señora Ángela Merkel, canciller de Alemania; Mark Rutte, primer ministro de Holanda; Emmanuel Macron, presidente electo de Francia; Stefan Lofven, primer ministro de Suecia.

La baja Tasa de Fertilidad exige que la población se mantenga estable y la solución ha sido la inmigración descontrolada a Europa. El precio que estos países pagarán en algunas décadas será un cambio drástico de su cultura tradicional.

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Bélgica y Holanda contra el judaísmo

Mi Enfoque #639, Mayo 12, 2017 por David Mandel   Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

En el Siglo 2 AEC Judea era una provincia del imperio seléucida. El rey Antioco IV quiso prohibir prácticas rituales de la religión judía, lo cual causó una rebelión, dirigida por los hermanos Macabeos, que condujo a la independencia del reino de Judea durante algo más de cien años.

En Europa hay países que hoy quieren seguir los pasos de Antioco. En abril un partido belga de extrema derecha presentó una moción para prohibir la shejitá, el procedimiento para cortar rápidamente la garganta del animal, con lo cual su carne se vuelvekasher (permitida para comer). La moción no fue aprobada, pero aun no se ha dicho la última palabra sobre el tema. En las elecciones francesas, la candidata Marine Le Pen dijo que prohibiría la shejita si salía elegida.

En Holanda, el Partido Progresista votó a favor de una ley que prohíbe la circuncisión de varones menores de 16 años, aduciendo que causa sufrimiento mental y daño físico a los niños. Los musulmanes también circuncidan a los hijos varones, pero no especifican la edad en la cual debe hacerse, por lo cual la ley no los afecta. En el caso de los judíos, los niños son circuncidados al octavo día de su nacimiento, lo cual estaría prohibido si la ley fuese aprobada por el Parlamento.

El círculo se cierra más y más, y pronto los judíos que quieran conservar su religión y su tradición llegaran a la conclusión de que esto no les será posible hacer en Europa.

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La nariz de Mahmoud Abbas

Mi Enfoque #639, Mayo 12, 2017 por David Mandel   Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Pinocho, el personaje del escritor Carlo Collodi, tenía un problema: cada vez que decía una mentira la nariz le crecía. Me alegra informar que Mahmoud Abbas, el presidente de la Autoridad Palestina, quien fue elegido en el año 2005, hace doce años, para un periodo presidencial de cuatro años, no tiene el problema de Pinocho. A diferencia del muñeco de madera, Abbas tiene la capacidad de mentir sin que esto afecte las dimensiones de su nariz.

Eso lo viene demostrando durante décadas, desde que publicó su tesis doctoral en la cual afirma que los líderes sionistas cooperaron en el Holocausto con los nazis.

En una reciente visita a Washington, en presencia del Presidente Trump, Abbas dijo, sin ruborizarse, y sin que la nariz le crezca, "criamos a nuestros niños en una cultura de paz".

Abbas no dio ejemplos de como los palestinos crían a sus hijos en una cultura de paz. No mencionó sus incitamientos al odio: "los judíos están profanando la explanada del Templo con sus pies sucios", "los judíos quieren destruir la mezquita al-Aqsa". Estas proclamas de Abbas han provocado que decenas de jóvenes y adolescentes palestinos traten de acuchillar y atropellar a israelíes, al costo, muchas veces, de sus propias vidas.

Los textos escolares palestinos promueven el odio. Sus mapas no muestran Israel. Los programas de televisan para niños, incluyendo niños de kindergarten, están todos impregnados de un odio implacable a Israel y a los judíos. La glorificación de los "mártires" (terroristas asesinos de israelíes) impulsan a los niños y jóvenes palestinos a emular sus acciones.

La "cultura de paz" que, según Abbas, los palestinos inculcan a sus hijos no permite el encuentro de judíos con palestinos, no permite eventos deportivos, y prohíbe lo que ellos llaman "normalización".

Lo que la "cultura de paz" de Abbas si permite es calificar a Israel de país racista, de régimen apartheid, y a los judíos de "colonialistas".

¿Si esto es lo que Abbas llama "cultura de paz", a que llamaría él "cultura de guerra"?

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La Universidad Ben Gurión: epicentro de la acusación de apartheid.

Mi Enfoque #639, Mayo 12, 2017 por David Mandel   Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Beersheba, donde vivieron Abraham, Isaac y Jacob, fue una importante ciudad en la época de los reyes, cuando la frontera iba "de Dan a Beersheba". En 1947 la ciudad tenía unicamente 4,000 habitantes, la mayoría de ellos árabes, por lo cual en el Plan de Partición de las Naciones Unidas se había dispuesto que la ciudad estuviese en el Estado Árabe. Debido a que los árabes no aceptaron el Plan de Partición y que, para Israel, Beersheba era esencial para su seguridad, las fuerzas israelíes derrotaron al ejercito egipcio y tomaron la ciudad, que fue poblada por inmigrantes judíos que habían sido expulsados de países árabes, a quienes, década después, se les unieron inmigrantes de Rusia y Etiopia.

En 1960 se fundo el Hospital Soroka que da servicios médicos a la ciudad y a los pueblos cercanos de beduinos. En el año 1969 se fundó la Universidad del Negev, hoy llamada Universidad de Ben Gurión, que transformó por completo a Beersheba. Hoy, el área metropolitana de Beersheba tiene una población de 360,000 personas.

La Universidad Ben Gurión tiene 20,000 alumnos que estudian en cinco facultades: Ingeniería, Ciencias de Salud, Ciencias Naturales, Humanidades, Ciencias Sociales y Administración de Empresas. Sus institutos de biotecnología, nanoescala, e investigación del desierto tienen fama internacional.

La Universidad Ben Gurión también ha adquirido la reputación de ser un foco de académicos anti-israelíes, que hacen todo lo posible por demonizar a Israel, dando conferencias en el extranjero y escribiendo eruditos documentos y libros en los cuales "acusan y demuestran" que Israel es un émulo de lo que era Sud África bajo el régimen de apartheid. Algunos ejemplos:

Uno de los profesores más activos en la Universidad Ben Gurión en la campaña anti-israelí es Oren Yiftachel, del Departamento de Geografía. Niega que Israel sea un país democrático, y, por el contrario, afirma que es un Estado dedicado a la expansión y control por parte de un grupo étnico. El Centro de Estudios Árabes de la Universidad de Georgetown, institución que no esconde su antipatía a Israel, le otorgó una medalla para premiar sus actividades.

Neve Gordon, profesor en el Departamento de Política y Gobierno, quien viajaba a Ramallah frecuentemente para demostrar su apoyo a Arafat durante la Guerra de Terror, considera que Israel es un Estado paria y aboga que sea sustituido por un Estado Único de judíos y palestinos. Hace unos años escribió un artículo en el Los Angeles Times exigiendo que se haga un boicot a Israel.

Idan Landau, profesor en el Departamento de Lingüística y Literatura Extranjera, ha escrito artículos alabando el boicot contra el "régimen apartheid que Israel ha impuesto en los territorios".

Sarai Aharoni escribió un artículo en apoyo de la campaña BDS en contra del "régimen sionista colonialista basado en discriminación nacional y étnica".

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Abril 2017 fue un mes record de turismo

Mi Enfoque #639, Mayo 12, 2017 por David Mandel   Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

El mes pasado, abril 2017, 349,000 turistas visitaron Israel, un aumento de 38% sobre el mes de abril 2016. Desde el 1 de enero al 30 de abril de este año 1,090,000 turistas han llegado a Israel, un aumento de 28% sobre el mismo periodo del año pasado.

309,000 llegaron por avión y 40,000 por tierra, de los cuales 34,000 vinieron desde Jordania y 6,000 desde Egipto.

Los proponentes de la campaña BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones) hacen grandes esfuerzos para convencer a los turistas, y también a artistas y cantantes, a que no visiten Israel. Mi Enfoque tuvo oportunidad de conversar con Roger Waters, ex integrante de la banda musical Pink Floyd, hoy dedicado en cuerpo y alma a boicotear Israel.

Mi Enfoque  Usted trata de disuadir a músicos y artistas para que boicoteen Israel y no se presenten allí, pero en los últimos años se han presentado en los escenarios israelíes los mas famosos cantantes del mundo. Entre ellos Elton John, Paul Anka, Madonna, Lady Gaga, Leonard Cohen, Justin Bieber. Próximamente vendrán Rod Stewart, la banda Aerosmith, Tom Jones, Cliff Richard y otros. ¿Considera usted que su campaña no tiene el éxito que usted esperaba?

Activista       ¡Al contrario! Tiene un gran éxito. Es cierto que unos cuantos músicos no hacen caso del boicot, pero hay cientos de músicos que rehúsan presentarse en Israel. No le voy a decir los nombres ya que a la mayoría de ellos ni siquiera sus madres los conocen.

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El sobreviviente (capítulo de un libro que estoy escribiendo)

Mi Enfoque #639, Mayo 12, 2017 por David Mandel   Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Estoy terminando de escribir un libro de relatos tomados de la historia del pueblo judío. No es un texto histórico, pero todos los eventos que relato son históricos, aunque los personajes de algunos de ellos son ficticios o semificticios.

El sobreviviente

(Siglo 20 EC)

Aún si voy por el valle de la sombra de la muerte no temo peligro alguno porque tú estás a mi lado.

Durante seis meses y nueve días recité silenciosamente, constantemente, ese verso del Salmo 23. Lo recité cada día, cada hora, cada minuto, desde el 18 de julio de 1944, el día que llegué a Auschwitz, hasta el 27 de enero de 1945 cuando las tropas soviéticas liberaron el campo.

Lo hacía para tratar de convencerme de que realmente Dios estaba conmigo. Pero eso era imposible. Dios no podía ya estar a mi lado. Dios fue una de las primeras víctimas de los nazis.

Nací en Budapest, la capital de Hungría, en el año 1929. La sinagoga de la calle Kazinczy, de la cual mi padre era el rabino, era un edificio pequeño, construido a principios del siglo 20. Vivíamos a poca distancia en el llamado Patio Gozsdu, que servía de pasaje entre las calles Kiraly y Dob, a pocas cuadras de la gran sinagoga de la calle Dohány, la más grande de Europa. Familias de judíos religiosos, entre ellos la nuestra, ocupaban los pisos superiores y abajo se encontraban pequeños negocios y talleres de artesanos.

Nuestra familia vivía en Hungría desde la Edad Media. La condición económica de los judíos era muy buena antes de la guerra mundial. Los judíos éramos sólo el 5% de la población de Hungría, (846,000 de un total de 13,640,000) pero el 25% de los estudiantes universitarios de todo el país, el 60% de los médicos, el 51% de los abogados, el 34% de los periodistas y el 29% de los músicos se identificaban como judíos.

El antisemitismo, que siempre existió en Hungría, se agudizó debido al resentimiento y envidia de la población. En el año 1920, el gobierno del regente Horthy, aprobó una ley que limitaba la presencia judía en las universidades al 5%. La influencia de los partidos fascistas aumentó cuando Hitler asumió el poder en Alemania. En el año 1938 pasaron una ley que restringía la presencia judía en cualquier empresa comercial o industrial al 20%, que luego fue bajado al 12%. Un año después una ley definió quien era judío (personas que tenían 2, 3 o 4 abuelos judíos). Se prohibió emplear a judíos en el gobierno. Se les prohibió ser editores de periódicos. El porcentaje de judíos que podían ser actores, médicos, abogados e ingenieros no podía exceder del 6%. Se les quitó el derecho al voto. En el año 1941 se aprobó una ley que criminalizaba el matrimonio entre judíos y no judíos.

A pesar de los sentimientos antisemitas del gobierno y de la población, el regente Horthy se negó a deportar a los judíos húngaros a los campos de exterminación nazis en Polonia. Esto cambió el 19 de marzo de 1944 cuando tropas alemanas ocuparon Hungría, y obligaron a Horthy a nombrar un gobierno fascista.

El sueldo que mi padre como rabino recibía de la poca gente que concurría a su sinagoga no era suficiente para que nuestra familia (mis padres, mi hermano de ocho años de edad, y yo) se pudiese mantener. Yo, desde que cumplí quince años, trabajaba, después de terminar las clases en la yeshiva, de mozo en el Hotel Majestic. Una noche un teniente coronel de la SS vino con un grupo de oficiales a cenar en el restaurante del hotel. Noté que todos lo trataban con gran respeto.

— ¿Quién es ese oficial?—pregunté al maître del restaurante.

—Es el ObersturmbannführerAdolf Eichmann—me contestó. El nombre del oficial no significaba nada para mí, y dejé de mirarlo. En 1960, cuando ayudé a capturarlo en Buenos Aires, me acordé de ese encuentro y entendí que la visita de Eichmann en Budapest había tenido como propósito organizar el transporte de los judíos húngaros a los campos de exterminio. En ese momento, a fines de abril de 1944, ningún judío en Hungría podía imaginar que, pocas semanas después, sería enviado a Auschwitz.

El ejército nazi no había logrado conquistar la Unión Soviética. Los rusos habían derrotado a los alemanes en la batalla de Stalingrado un año antes. Todos sabíamos que los aliados invadirían Francia en cualquier momento, (lo hicieron pocas semanas después, el 6 de junio de 1944). Hitler, opinaba mi padre, ya había perdido la guerra y era sólo cuestión de meses que los alemanes se rindiesen.

¿Quien podía imaginar que, en ese último año de la guerra, cuando el ejército soviético avanzaba incontenible, los nazis preferían utilizar sus trenes, no para transportar soldados al frente, sino para enviar judíos a las cámaras de gases?

Los transportes de judíos húngaros a Auschwitz comenzaron a principios de mayo de 1944. Diariamente salían tres o cuatro trenes, y aunque algunos días hasta seis. Cada uno de los trenes llevaba de 3,000 a 4,000 personas, 80 en cada vagón. Entre mayo y julio 440,000 judíos fueron enviados a Auschwitz. 90% era exterminado al llegar.

El 15 de julio de 1944 mis padres, mi hermano y yo, fuimos forzados a golpes a subir a uno de los vagones en la estación de tren de Budapest. Éramos 80 en el vagón, sin comida ni agua. No había lugar para que uno se eche y para sentarse había que hacerlo por turnos. Si, con la aglomeración de la gente, no nos era posible llegar a una de las esquinas del vagón, hacíamos nuestras necesidades en el lugar donde estábamos. Era verano, y la temperatura en el vagón, cuyas puertas y ventanas estaban selladas, era de un calor insoportable. La falta de agua y de aire causó que algunos empezaran a gritar desaforadamente: La gente les pidió que se calmen y callen. Los que continuaron gritando fueron golpeados y amordazados por sus vecinos.

Tres días después llegamos a Birkenau, la estación de recepción de Auschwitz. Unos hombres famélicos, vestidos con pijamas a rayas, (luego supimos que eran llamados kapos), subieron al vagón y nos gritaron que bajemos. A la derecha, no muy lejos, habían unas barracas de cuyas chimeneas salía humo que impregnaba el aire con su olor. Oficiales alemanes ordenaban a los hombres que fuesen a la izquierda y a las mujeres con niños pequeños a la derecha. Mi madre le dio un beso en la mejilla a mi padre y siguió a las otras mujeres, llevando de la mano a mi pequeño hermano. El niño volteó la cabeza, sonrió y nos hizo un gesto de despedida con la mano.

Uno de los kapos se acercó adonde yo estaba parado con mi padre.

— ¿Qué edad tienes?—me preguntó en voz baja.

—Quince años—le contesté.

—No. Tú tienes dieciocho años—me dijo, y dirigiéndose a mi padre, le preguntó— ¿Usted que edad tiene?

—Cincuenta y dos años—contestó mi padre.

—No. Usted tiene cuarenta años.

—No entiendo—le dijo mi padre.

—No tengo tiempo para explicar. Si ustedes quieren vivir, esas son ahora sus edades.

Los soldados de la SS nos hicieron formar una fila. Uno por uno avanzamos hacia un hombre con uniforme de oficial, que usaba monóculo. Era, luego lo supe, el Doctor Mengele. Batuta en mano, hacía un par de preguntas y, con un gesto de la batuta, enviaba a gente a la izquierda o a la derecha.

— ¿Qué edad tienes?—me preguntó cuando estuve frente a él.

—Dieciocho años—le contesté.

— ¿Estás bien de salud?

—Si.

Me indicó con la batuta que fuese a la izquierda. Mi padre, que me seguía en la fila, también fue enviado a la izquierda.

Cuando terminó la selección kapos nos hicieron correr a una barraca. Allí ordenaron que nos desnudemos, nos raparon la cabeza, y nos dieron los pijamas rayados. Un oficial de la SS entró a la barraca, y ordenó a algunos que lo siguiesen. Entre ellos estaba mi padre. Nunca lo volví a ver. A los que quedamos en las barracas nos hicieron marchar hacia otro campo. Media hora mas tarde vimos una reja de fierro con una inscripción sobre ella, Arbeit macht frei ("El trabajo libera"). Era Auschwitz.

Meses después, un muchacho que había estudiado conmigo en la Yeshiva, fue traído de Birkenau a Auschwitz. Me contó lo que había pasado con mi padre. Los alemanes lo pusieron en una unidad de trabajo llamada Sonderkommando (Comandos especiales), cuyo trabajo era llevar a los prisioneros a las cámaras de gas, retirar los cuerpos, examinar los orificios naturales (ano, vagina) en busca de piezas de valor ocultas, quitar los dientes de oro de los cadáveres, y, por último, incinerarlos en los hornos crematorios. Si un sonderkommando no cumplía las órdenes era matado, a veces incinerado vivo en los hornos. Los sonderkommando vivían aislados del resto de los prisioneros. Después de tres a cuatro meses eran asesinados y sustituidos por un nuevo grupo. Mi padre, me contó mi amigo, al ver el trabajo que tenía que hacer, se negó y un soldado SS lo mató de un balazo.

En Auschwitz me pusieron a trabajar en una cantera cercana moviendo rocas. Todos los días nuestro grupo marchaba, al paso de la música que tocaba una banda de músicos prisioneros cerca de la entrada, hacia la cantera. Los soldados nazis que nos vigilaban no tenían reparos en matar a cualquier prisionero que caía agotado al tratar de alzar una roca.

Nuestra comida era un mendrugo de pan en las mañanas y una sopa al mediodía. En las noches dormíamos en las barracas, sobre tablones de madera, tres o cuatro juntos en cada camastro.

A principios de enero de 1945 el ejército soviético se acercaba a Auschwitz. La SS evacuó el campo e hizo marchar a cerca de 60,000 prisioneros hacia el oeste. El 27 de enero de 1945 los soldados soviéticos entraron a Auschwitz y encontraron a 7,000 prisioneros, la mayoría de ellos enfermos, yo entre ellos, o muriendo.

Un soldado ruso entró a mi barraca y me vio tirado sobre el camastro. Yo parecía más un esqueleto que un ser humano.

— ¿Dónde están los otros prisioneros?—me preguntó.

—Se hicieron humo—le contesté y empecé a reír histéricamente. Me miró sin entender de qué le hablaba.

En el hospital donde permanecí varias semanas, me dijeron que al llegar pesaba 35 kilos. Al terminar la guerra fui enviado a un campo de "personas desplazadas" en Austria, donde vivíamos tras cercas de alambradas de púas y éramos vigilados por guardias. Una organización judía, activa en Aliah Bet (inmigración ilegal a Palestina) me sacó a mí y a otros del campo y nos llevó al puerto de Sete, cerca de Marsella. Allí subimos al barco Éxodo 1947 que zarpó secretamente hacia Palestina el 11 de julio de 1947. Éramos 4,515 pasajeros, (1,600 hombres, 1,282 mujeres y 1,672 niños). El capitán era un israelí de la organización paramilitar Palmaj. Nos seguían cinco naves militares británicas y un avión. Los soldados británicos nos abordaron el 18 de julio, cuando nos faltaban unos 40 kilómetros para llegar a Palestina. Dos pasajeros murieron baleados por los británicos.

El gobierno británico decidió que debíamos regresar a Francia. En Haifa nos transfirieron a tres buques que nos llevaron a Marsella. Allí nos negamos a desembarcar y el gobierno francés dijo que no nos obligaría. Los británicos llevaron a los tres barcos a Alemania donde nos pusieron en campos de prisioneros. El comandante del campamento era inglés pero el equipo que lo ayudaba era alemán. Yo logré escapar, y conseguí subir en otro barco de inmigrantes clandestinos. Un barco de la flota británica nos interceptó y nos obligó a ir a Chipre donde nos internaron en un campo de prisioneros.

Nuevamente logré escapar, y pude llegar a Haifa el 22 de mayo de 1948, una semana después de declarada la independencia. En el puerto me indicaron que suba a un camión y me dieron un rifle. Nos llevaron hasta la fortaleza de Latrún que estaba en manos de la Legión Árabe. Nosotros éramos cerca de 2,000 combatientes, de los cuales 140 éramos inmigrantes recién llegados a Israel. Nuestro ataque empezó a las 4 de la mañana del 24 de mayo. Muchos de nuestros hombres fueron matados por el fuego árabe o heridos. Yo desperté en el hospital, donde me extrajeron una bala que me había perforado un pulmón. Estuve tres meses en el hospital. En diciembre de 1949 fui invitado a unirme al Mossad (Servicio de Inteligencia de Israel) que acababa de ser fundado.

En el mes de mayo de 1960 tomé parte en la llamada Operación Garibaldi en la cual identificamos, secuestramos y trasladamos a Israel al nazi Adolfo Eichmann. Fue juzgado, condenado a muerte y colgado por genocidio y crímenes contra la humanidad.

Nota. Algunos de los incidentes mencionados en este relato están basados en el libro autobiográfico de Elie Wiesel, Noche.

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