Mi Enfoque desde Jerusalem: Por David Mandel #718, julio 2, 2019

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Artículos en este número:

· Hay problemas que no tienen solución
· El gradual aumento de la ignorancia en Israel
· Intercambio de correspondencia
· Las críticas a la comunidad ultra ortodoxa no son críticas a la religión judía.
· “Mi madre, Doris Mandel”, un capítulo de la semi-autobiografia que estoy escribiendo

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Hay problemas que no tienen solución

Donald Trump, como todos los presidentes de Estados Unidos desde que Harry Truman reconoció a Israel como Estado independiente en mayo de 1948, desea encontrar una solución pacífica al problema israelí-árabe (cuyo nombre los árabes han logrado, con excelentes resultados de relaciones públicas, cambiar a “israelí-palestino”, y así de un plumazo transformar la imagen de Israel de un valeroso David a un matón Goliat).

Cada presidente estadounidense ha encarado el problema desde su propio punto de vista, influenciado por las simpatías conscientes o subconscientes que tiene como todo ser humano. Esto va desde la mal disimulada antipatía de Obama a Israel hasta la (según sus críticos, “excesiva”) simpatía de Trump.

Trump, debido a su formación como hombre de negocios, da prioridad al bienestar económico de los palestinos como fase preliminar para solucionar el problema. Los palestinos han rechazado indignados esa propuesta, ya que su interés básico no es el progreso social y económico de su población sino la destrucción de Israel. Eso ya lo demostraron en el año 2005, un hecho que Trump y sus consejeros parecen haber olvidado, cuando, en vez de utilizar los invernaderos e industrias dejados por los israelíes en su retirada unilateral de Gaza, los destruyeron. La ayuda económica que recibieron de otros países árabes no fue utilizada para construir hospitales, escuelas, fábricas o carreteras, todo lo cual habría beneficiado tremendamente a su población, sino que sirvió para fabricar cohetes y cavar túneles de terror.

Los palestinos también se contradicen a sí mismos cuando dicen que su prioridad es política y no económica, y que prefieren tener un Estado independiente a cientos de millones de dólares en inversiones.

La realidad es que la solución política tampoco es prioridad para ellos, como lo demostraron claramente al rechazar las ofertas de Ehud Barak en el año 2000 y de Ehud Olmert en el año 2008. Esas propuestas, no aceptadas por Yasser Arafat y Mahmoud Abbas respectivamente, les habrían dado un Estado en casi toda la Cisjordania y Gaza, incluyendo, según la oferta de Olmert, compartir Jerusalén.

Es evidente que los palestinos no están interesados en una solución política o en inversiones que beneficiarían a su población, si el precio es aceptar la continua existencia del Estado judío.

Debido a la intransigencia de Israel en aceptar su destrucción, no hay otra alternativa que reconocer que hay problemas que no tienen solución.

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El gradual aumento de la ignorancia en Israel

Mi Enfoque #718, por David Mandel, 2 de julio, 2019


90,000 escolares están exceptuados de estudiar el programa básico fijado por el Ministerio de Educación de Israel, (matemáticas, ciencia, inglés, historia y otras materias). Esta situación no existe en las comunidades ultra ortodoxas de Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Bélgica, Holanda, etc. donde sus niños combinan los estudios oficiales obligados con el estudio de los libros sagrados.

La excepción de estudiar materiales seculares y ciencias es por exigencia de los partidos políticos israelíes ultra ortodoxos, como una de las condiciones para integrar la coalición gobernante.

Los ultra ortodoxos israelíes expresan dos argumentos para justificar la excepción del estudio de materias seculares:

a) El estudio de estas materias utiliza tiempo valioso que debería ser dedicado al estudio del Talmud.

b) Si los yeshiva bujers estudiasen materias seculares, esto les podría abrir los ojos a la realidad de que existe un mundo inmenso y fascinante afuera del gueto físico y mental donde viven voluntariamente, y podría motivar a algunos abandonar ese gueto.

Estos niños ultra ortodoxos crecerán ignorantes e incultos, aparte de su conocimiento del Talmud, libro sagrado cuyas leyes religiosas conservan la validez teológica, ética y moral, que tenían cuando fueron compilados por sabios rabinos hace 1,500 años. Cuando estos niños sean adultos y deseen trabajar para poder mantener a sus familias, su (falta de) preparación no les permitirá tener trabajos bien remunerados, probablemente ni siquiera tener trabajos.

Los 90,000 escolares, condenados a la ignorancia, constituyen la tercera parte de todos los estudiantes ultra ortodoxos de Israel, y su número aumenta año a año.

El número de yeshivot (institutos de enseñanza religiosa equivalentes a colegios de Secundaria) que están exentas de ofrecer “bagrut” (exámenes finales que son requisito esencial para estudiar en las universidades) se ha doblado en la última década, y el total de sus estudiantes llega hoy a 7,500

El aumento demográfico de alumnos que no reciben enseñanza de materias que son indispensables en el Siglo 21 constituye un peligro mortal para la supervivencia del Estado de Israel, comparable al holocausto nuclear que amenazan los fanáticos ayatolas de Irán.

Israel hoy está en la vanguardia mundial de la tecnología, lo cual le permite sobrevivir rodeado de enemigos que abierta o solapadamente quieren que desaparezca del mapa. Para continuar en esa posición, se necesita educación, educación y más educación.

Los 90,000 escolares ignorantes de hoy serán 100,000 en unos años, y 500,000 en unas décadas. No está lejano el día, tal vez antes del fin de este siglo, cuando Israel se convierta en uno de los países más atrasados del planeta, un país de ignorantes devotos, cuyos conocimientos de ciencias se limitan a saber poco más que cuando se debe recitar el rezo de la Luna Nueva.

El gobierno ha abdicado su obligación de educar al total de la población. Las instituciones ultra ortodoxas exentas de los exámenes de bagrut constituyen hoy el 20% de las escuelas primarias en el sector ultra ortodoxo y el 40% de las yeshivot de secundaria.

Esas instituciones han recibido (o se han arrogado) el derecho de decidir lo que enseñan, o no enseñan, que métodos de enseñanza usan, y que requisitos exigen de sus profesores y maestros.

Respecto al control y revisión de las instituciones ultra ortodoxas no exentas, el Ministerio de Educación cuenta con solo 19 inspectores para todo el país.

El año pasado el Ministerio de Educación aprobó un nuevo reglamento para las escuelas ultra ortodoxas que no exige la enseñanza de inglés como segundo idioma, (el inglés es esencial para conseguir un trabajo donde es necesario tener más conocimientos que los que son suficientes para conseguir el puesto de portero en un colegio religioso). En vez del idioma inglés, se les permite enseñar yiddish.

Lástima que no estamos viviendo en el siglo 12 o 13, ya que en ese caso habríamos estado muy capacitados para competir con otros países, especialmente en discusiones teológicas.

Competir con otros países en el siglo 21 es más difícil. En el siglo 22 será imposible.

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Intercambio de correspondencia

Mi Enfoque #718, por David Mandel, 2 de julio, 2019

A raíz del artículo que publiqué en Facebook titulado, “El gradual aumento de la ignorancia en Israel,” en el cual mencioné que 90,000 niños ultra ortodoxos se gradúan de sus escuelas sin conocimientos de inglés, matemáticas, ciencias, historia, etc. y que esto constituía un grave peligro para la supervivencia del país, recibí algunos comentarios.

Uno de ellos fue el siguiente:

Soy Director Gerente de una compañía startup en el área de Mercadeo Digital. En el último año tuve dos aprendices ultra ortodoxos, que hicieron un gran trabajo. Las materias que a los niños les toma ocho años para aprenderlas en la escuela, pueden ser aprendidas en apenas un año por un adulto. Pero, la persona que, en su infancia, no aprendió lo que es disciplina y ética, nunca lo aprenderán en el resto de su vida. Incluso los criminales en las cárceles tienen capacidad de aprender una profesión, por lo tanto no tiene sentido cuestionar la capacidad de adultos para aprender y capacitarse. Las yeshivot forman personas buenas y honestas, que no tienen ningún problema en aprender inglés después de los 20 años.

Le contesté:

Hay un refrán que dice que “una golondrina (en su caso, dos golondrinas) no hacen primavera”. Es absurdo generalizar de dos casos aislados a 90,000 personas.

Usted menciona que las yeshivot imparten disciplina y ética a sus alumnos, y que forman personas buenas y honestas, dando a entender, por omisión, que ese no es el caso de las escuelas seculares, que están no imparten disciplina y ética y no forman personas buenas y honestas. Eso, no solo es completamente opuesto a la realidad, sino que demuestra un lamentable prejuicio de su parte.

Respecto a la facilidad de aprender inglés cuando uno ya es adulto, estudios han demostrado que niños tienen mucha más facilidad natural para aprender idiomas que los adultos.

Usted dice que las materias que se enseñan en ocho años de escuelas, un adulto las aprende en un año. Esa es una teoría revolucionaria que, si se aplicase en Israel, ahorraría mucho dinero no solo al país sino también a cientos de miles de familias. ¡Imagínese el ahorro de no pagar ocho años de estudio y concentrarlos en un solo año!

Yo creo que usted debería proponer su teoría al Ministerio de Educación lo más urgente posible. ¡Se lo agradecerán!

Otra persona me escribió:

Tengo 17 nietos ultra ortodoxos y todos trabajan en oficinas a las que llegaron después de haber estudiado en yeshivot. Tal como dijo el que le escribió, aprendieron en un año lo que otros necesitan mucho mas años para aprender.

Tambien esta vez contesté:

Los dos ultra ortodoxos del primer lector mas los 17 nietos de usted dan un total de 19 ultra ortodoxos que no perdieron ocho años de su vida estudiando materias seculares, y que, gracias a su inteligencia y a la disciplina y etica impartida en las yeshivot, llegaron al mismo nivel de conocimientos en un solo año. ¿Qué hay de los otros 89,981? ¿Todos son genios que pueden aprender en 12 meses lo que a los seculares (evidentemente, gente menos inteligente) les toma ocho años?

Israel necesita ingenieros, científicos, médicos. Lamentablemente se necesita una educación más completa que solo el Talmud para ser aceptados en las universidades y estudiar esas carreras. A nuestros enemigos, aunque a algunos les parezca que estoy diciendo una herejía, no los podremos derrotar solo con rezos.

Los 90,000 (perdón 89,981) ultra ortodoxos ignorantes nunca podrán ser ingenieros, científicos ni médicos. ¡Que tal desperdicio de inteligencia!

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Las críticas a la comunidad ultra ortodoxa no son críticas a la religión judía.

Mi Enfoque #718, por David Mandel, 2 de julio, 2019

En la fachada del Templo de Apolo en Delphi estaba grabada la frase: “Conócete a ti mismo”. Aunque cada persona ha vivido consigo misma toda su vida, es posible que no se conozca tan bien como la pueden conocer otras personas.

Por ejemplo, en mi caso, hace un par de días una mujer, desconocida para mí, me calificó en mi página de Facebook de “antisemita” y, para que no queden dudas, agregó que soy “la maldad hecha persona”. Hasta ese momento, yo había pensado que esas descripciones se aplicaban más a Hitler que a mí. Esto demuestra lo poco que uno se conoce a sí mismo.

¿A que se debe la opinion tan extrema que esa buena señora tiene de mí? ¿Habrá escuchado que doy palizas a mi esposa sin misericordia? ¿Le habrán dicho que mi hobby es pintarrajear esvásticas en las lápidas de los cementerios judios? ¿Tal vez, Dios nos libre, se habrá enterado de que estoy planeando abrir un campo de concentración con cámaras de gases?

¡Nada de eso! La cólera que esa señora siente hacia mi fue provocada por un artículo que escribi, basado en estadísticas del Ministerio de Educación, publicadas en todos los periódicos en Israel, mencionando que hay 90,000 niños de la comunidad ultra ortodoxa que no estudian el programa básico del Ministerio de Educacion, que incluye inglés, matemáticas, ciencias, y que crecerán sin los conocimientos esenciales que son necesarios para poder trabajar en profesiones y carreras que exigen más conocimientos que los que proporciona el Talmud.

Varios lectores me condenaron por ser “anti religion judia”, y me criticaron, (aunque debo reconocer que ninguno de ellos llegó al nivel de vituperacion histérica de la mujer, ella por ahora conserva el record) diciendo que los ultra ortodoxos son tan inteligentes, (de lo cual no tengo duda, por lo menos de algunos de ellos) que tienen la capacidad de adquirir en un solo año todos los conocimientos que personas de menor inteligencia y menores valores éticos y morales (se refieren a los que no son ultra ortodoxos) necesitan ocho años para aprender.

Uno de esos lectores escribió que “imponer la obligación de cumplir con el programa oficial de educación escolar es atentar contra la libertad de culto”. (Si esa persona es ultra ortodoxa, debe ser la excepción en lo que se refiere al alto nivel de inteligencia de esa comunidad).

Uno creería, por la vehemencia e indignación de algunos lectores, que yo propongo anular los estudios del Talmud y sustituirlos por inglés, matemáticas, ciencias, etc. Nada más lejos de la verdad. Estoy tan convencido de que el Talmud es parte esencial de nuestra religión, tradición y cultura que estoy a favor de que en los colegios seculares haya clases de Talmud y se ponga más énfasis en materias judías.

Admiro la devoción y el profundo conocimiento de los libros sagrados que tiene la comunidad ultra ortodoxa, pero es mi opinión que si completan su educación con conocimientos que exige la vida en el siglo 21, contribuirán inmensamente al progreso y prosperidad de la sociedad israelí, contribución que es mínima, tal vez hasta inexistente, en este momento.

El ideal, para mi, es que las escuelas y colegios de ultra ortodoxos continúen enseñando los libros religiosos, pero, que agregenr a su curriculo, matemáticas, inglés, ciencias, etc.. Los ultra ortodoxos Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, etc. estudian el programa oficial del gobierno y también los libros sagrados. Si los ultra ortodoxos lo pueden hacer en el extranjero, no hay motivo por el cual no lo hagan en Israel.

El motivo por el cual esto no sucede en Israel es el poder político que tienen los partidos ultra ortodoxos, debido a que sin ellos no hay coalición gubernamental. Esto les permite exigir y recibir un trato especial (como, por ejemplo, que sus jóvenes no vayan al ejército) trato que no reciben otras comunidades en la sociedad israeli.

(Antes de que alguien salte y proclame indignado que si hay ultra ortodoxos que sirven en el ejército, me apresuro a decir que, aunque la gran mayoría de los jóvenes ultra ortodoxos evaden hacer servicio militar, hay miles que si lo hacen, y que merecen el más grande aprecio y respeto, ya que en sus barrios, si los ven con uniforme, hay quienes los tratan con insultos y desprecio).

Me da la impresión que los lectores que expresan opiniones condenatorias de mis artículos están convencidos de que criticar a la comunidad ultra ortodoxa equivale a criticar a la religión judia. Cualquier critica a la comunidad ultra ortodoxa es, para ellos, menospreciar la religión judia. En su mente, la comunidad ultra ortodoxa es la personificación de la religión judia. Cualquier crítica, (como por ejemplo, mencionar que muchos de ellos evaden compartir la carga militar) es para algunos de mis lectores, casi una blasfemia.

La convicción de que la comunidad ultra ortodoxa y su modo de vida son la expresión única y legítima de la religión judía, ha sido contagiada a muchos que no son ultra ortodoxos, con el resultado que, en vez de que los seculares se acerquen a la religión, se alejan de ella por identificarla con características de la comunidad ultra ortodoxa que no son aceptables para los seculares.

Hay lectores que asumen que, cuando yo escribo acerca de la comunidad ultra ortodoxa, me refiero también a los sionistas religiosos. Ese es un error ya que hay gran diferencia entre las dos comunidades.

Los sionistas religiosas contribuyen al progreso y defensa de Israel y no se aislan del resto de la ciudad. Los, admiro y considero que son los jalutzim (pioneros) de hoy y nuestra primera linea de defensa.

Las críticas que yo he hecho, y que probablemente seguiré haciendo, (arriesgándome a que me consideren anti-religión, o peor aún, la reencarnación de Hitler) se refieren a la comunidad ultra ortodoxa. Son gente estudiosa y dedicada que podría contribuir muchísimo al país y a la sociedad, pero ha escogido vivir aislada física y espiritualmente, sin contribuir en forma proporcional a sus números a la defensa de la nación o al progreso y prosperidad del pais.

Mis críticas no son a la religión judia, que es parte esencial de mi ser, de mi formación y de mi tradición, aun si yo no cumplo con todos los preceptos en la forma estricta como lo hacen los ultra ortodoxos.

Una persona, a la que yo, hasta ese momento, respetaba y consideraba amigo, con quien he compartido tertulias de café y conversaciones telefónicas, me acusó de ser anti-religioso, y dijo que es posible que yo haya escrito artículos antisemitas que justifican la indignación y los insultos de la mujer, y que él no puede estar seguro de que yo no lo haya hecho, ya que no ha leido todo lo que yo he escrito.

Quiero aclarar que no me considero anti-religioso. Me crié en un hogar religioso, y en mi familia hay parientes cercanos que observan todas las mitzvot, incluso uno de mis sobrinos es ultra ortodoxo. Mi casa es un hogar kasher y celebramos kidush los viernes. Cuando murieron mis padres fui tres veces al dia diariamente a la sinagoga a recitar el kadish durante once meses. Tengo en mi bibiotieca privada todos los tomos del Talmud, pero reconozco y lamento que basicamente soy ignorante en ese tema. Por otro lado, me considero un buen conocedor de la Biblia, acerca de la cual he escrito varios libros, uno de ellos, “Personajes de la Biblia” fue calificado en su traducción en inglés como “Libro Excepcional del Año” por el University Press Committee de los Estdos Unidos.

(Pausa para un aviso comercial: “Personajes de la Biblia” es distribuido por Amazon.com en versión impresa o digital). Y ahora, reanudemos.

Reconozco que mi concepto de Dios no es exactamente el mismo concepto que tienen los fundamentalistas, pero no creo que eso me convierta en un antisemita, o que me haga sentir menos judio. Por el contrario, siento gran orgullo de ser parte de este pueblo, de su historia, de su tradición y, especialmente, al vivir aquí, del milagro que es Israel.

Lo que escribiré a continuación, posiblemente causará que algunos lectores, incluyendo el amigo arriba mencionado, me tachen de hereje.

Aquí va: Yo considero que la Biblia es la obra maestra de la literatura universal y una maravillosa fuente de sabiduría y de inmortales enseñanzas éticas y morales, pero cuando leo, por ejemplo, de serpientes y mulas que hablan, y de alguien que sobrevivió tres dias en el estomago de un pez gigante, me es difícil evitar pensar que fue escrita hace miles de años, en una época cuando la gente no tenía dudas acerca de la veracidad de esas historias.

Esto no quiere decir que no respeto a las personas que si lo creen ciegamente. También respeto, aunque no comparto su creencia, a quienes afirman que Mahoma voló en una noche en su caballo volador de La Meca a Jerusalén, o que Jesús, con sólo 3 panes, alimentó a 5,000 personas.

En resumen, respeto el derecho de toda persona a creer lo que quiera, (incluyendo a una persona que vi hace poco en la televisión, que está totalmente convencido de que la Tierra es plana), siempre y cuando que su fe no afecte a otros, (como afectó, con persecuciones, masacres y conversiones forzadas, a cientos de miles de judios la creencia cristiana de que los judios mataron a Jesús).

En todos los países del Mundo Occidental, es un requisito esencial de la democracia que la iglesia (es decir, la religión) esté separada del gobierno. Israel es una excepción ya que su constelación politica incluye partidos ultra ortodoxos, cuyo objetivo principal no es trabajar para el bien comun de la sociedad, (como se supone que idealmente o teoricamente lo hacen los otros partidos) sino para el beneficio específico de su comunidad, (con honrosas excepciones como las instituciones Yad Sara y Zaka, merecedoras de la mas grande admiración y de los mayores elogios, que sirven a toda la sociedad israelí y no se limitan a la comunidad ultra ortodoxa), sea consiguiendo más y más dinero del presupuesto de la nación para sus instituciones educacionales o evitando que sus jóvenes hagan servicio militar.

Emulando la frase de Georges Clemenceau, “la religión es un asunto demasiado serio como para dejárselos a los ultra ortodoxos.”

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Mi madre, Doris Mandel

Un capítulo de la semi-autobiografia que estoy escribiendo

Mi madre nació en Núremberg, en el año 1912, la sétima de nueve hermanos y hermanas. Estudió en un colegio para niñas judías. Al lado estaba una escuela de niños alemanes donde enseñaba el infame Julius Streicher, fundador y director de Der Stürmer, un periódico virulentamente antisemita. Las clases en ambas escuelas terminaban a la misma hora, y Streicher solía salir de su colegio al mismo tiempo que las niñas judías salían del suyo.

En una ocasión, mi madre, que tendría tal vez doce o catorce años, se cruzó en la calle con Streicher. Este la miró fijamente, y luego se pasó la mano por el cuello como degollándose. Mi madre, asustada, se fue corriendo. El 16 de octubre de 1946, cuando mi madre vivía tranquila y sin temores en Lima, Streicher fue ahorcado en Alemania por los aliados, luego de ser juzgado y condenado por sus crímenes de guerra.

Después de terminar la Secundaria, mi madre encontró trabajo en el establecimiento comercial de un señor judío, situado en una de las principales avenidas de Núremberg. Era una tienda con excelente reputación y mucha clientela, que vendía tapices para muebles. Cuando Hitler subió al poder, la clientela fue desapareciendo, especialmente después de que la vitrina apareció una mañana embadurnada con la palabra JUDE.

Los nazis celebraban anualmente el congreso de su partido en Núremberg, durante la primera mitad del mes de setiembre. Las celebraciones, que duraban una semana, incluían un desfile de 500,000 miembros del partido por las avenidas de la ciudad, por donde también pasaría el auto abierto de Adolph Hitler. Todos los edificios en esas avenidas tenían la obligación de colgar la bandera nazi con la esvástica en sus fachadas.

En el año 1936, un año después de que fueran aprobadas las Leyes anti-judías de Núremberg, el dueño del establecimiento donde trabajaba mi madre, decidió no colgar la bandera nazi en la fachada durante la semana de celebraciones nazis asumiendo que le estaba prohibido por ser judío.

 

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