Mi enfoque #739 con David Mandel desde Jerusalem

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Artículos en este número:

· ¿Quién es el culpable?
· Los ultra ortodoxos y la religión judía
· Alguien pidió a Dios que me castigue
· Es cuestión de definición
· El Sionismo y sus opositores judíos.
· Las tácticas palestinas y sus resultados
· Reflexiones acerca de mi libro “Largo fue el camino”



¿Quién es el culpable?

¿Quién es el culpable de que cada día haya miles de nuevos contagiados, de que la cifra de muertos por el virus está ya por llegar a 2,000, y que cientos de miles de personas han perdido sus puestos de trabajo y los dueños de negocios afrontan la quiebra?

Generalmente, la respuesta a una pregunta sobre culpabilidad aparece sólo en el párrafo final del artículo o en las últimas páginas de una novela policial. Pero, en estos días, aunque tenemos mucho, demasiado, tiempo libre debido a la forzada cuarentena, carecemos de tranquilidad espiritual y no tenemos paciencia.

Por lo tanto, aquí va la respuesta:

¡Todos somos culpables! ¡El gobierno! ¡Los ultra ortodoxos! ¡Los seculares! ¡La comunidad árabe-israelí!

El gobierno es culpable por sus disposiciones confusas y por no tener el coraje de hacerlas cumplir lo cual habría evitado que lleguemos a esta catastrófica situación.

Los ultra ortodoxos son culpables por seguir las pautas de sus líderes espirituales (que en su enorme mayoría no son médicos ni científicos) y no las disposiciones del gobierno de Israel.

Los seculares son culpables por su irresponsabilidad en no mantener las mínimas distancias en sus festivales semanales, también llamados “protestas democráticas.”

Los árabes israelíes son culpables por continuar realizando matrimonios y celebraciones sin tomar en cuenta las disposiciones del gobierno.

La presente cuarentena posiblemente logrará disminuir el número de contagiados diarios, pero, cuando ella termine, si el gobierno vuelve a hacer errores, sigue causando confusión y no hace cumplir sus disposiciones, si los ultra ortodoxos continúan reuniéndose en las sinagogas y en las yeshivot sin usar mascaras ni mantener una distancia mínima, si los seculares continúan protestando sin distanciarse uno de otro, si los árabes israelíes continúan sus celebraciones, el virus volverá a tomar fuerza, y en algunas semanas se repetirá el ciclo de cuarentena, liberación y caso omiso de las disposiciones de sanidad.


Los ultra ortodoxos y la religión judía

Nota.- Cada vez que escribo o menciono a los ultra ortodoxos no falta alguien que me tacha de antisemita o, por lo menos, obsesionado con el tema de los “jaredim”. Generalmente eso termina en un intercambio de opiniones, cada vez más subidas de tono (en ambos lados) y culmina en que él (o ella) o yo nos bloqueamos mutuamente. No obstante, aun sabiendo que corro ese riesgo, aquí va lo que sigue:

El historiador británico Arnold J. Toynbee en el primer volumen de su “Estudio de Historia” (12 volúmenes, escritos entre 1934 y 1961, muy popular en su momento, pero hoy casi total y merecidamente olvidado) describió al pueblo judío como una “civilización fósil”, sobreviviente de una sociedad extinguida.

Respecto a esa opinión, se aplica lo que dijo George Orwell (autor de “Granja animal” y “1984”), “Algunas ideas son tan estúpidas que solamente los intelectuales las pueden creer.”

El pueblo judío no sólo que no es fósil, sino que es increíblemente versátil y adaptable a las nuevas circunstancias. En el exilio de Babilonia, campesinos exilados de un Estado derrotado, llegaron a la ciudad más grande, cosmopolita y sofisticada de un gran imperio, se adaptaron y prosperaron. Muy similar a los judíos que llegaron de los “shtetl” de Europa Oriental y Rusia, donde habían sido campesinos y pequeños comerciantes, a Estados Unidos a fines del siglo 19 y principios del siglo 20, y ellos, sus hijos y nietos se adaptaron y prosperaron más que todo otro grupo de inmigrantes.

También en lo que respecta la religión los judíos fueron flexibles y supieron adaptarse a los cambios en sus circunstancias. Durante siglos, la religión judía se basaba en los sacrificios que se hacían en el Templo en Jerusalén. Los romanos destruyeron el Templo en el año 70. Los judíos, liderados por el rabino Yojanán ben Zakai, reemplazaron al Templo con las sinagogas, y los sacrificios con la lectura de la Torah y las plegarias.

En el siglo 2 AEC, el sacerdote Matatías, padre de los heroicos hermanos Macabeos, vio que los helenos enemigos aprovechaban el hecho de que los judíos no luchaban los sábados para masacrarlos. Matatías anuló la prohibición de no defenderse los sábados.

Los inmigrantes que llegaron a Israel, provenientes de más de cien países, nunca antes habían sido soldados, ni científicos, ni agrónomos, ni políticos o diplomáticos. En Israel lo son.

Pero, hay un sector de la comunidad judía a la cual si se le podría aplicar la descripción “fósil”. Me refiero a los ultra ortodoxos que rechazan la vida moderna, los estudios de ciencias, matemáticas e inglés, y no se consideran parte de la sociedad general. Muchos de ellos rehúsan participar en la defensa del país, y un gran porcentaje prefiere dedicar sus dias a estudiar los libros sagrados en vez de trabajar y mantener a sus familias, dejando esa responsabilidad a sus esposas. La expresión más visible de su “fosilidad” es su vestimenta, basada en la ropa que usaban los nobles polacos y lituanos en los siglos 17 y 18, vestimenta que no corresponde al clima caluroso de Israel, (pero, es su derecho vestirse como quieran).

La ironía es que ese estilo de vida no está basado en la Biblia o en el Talmud, sino que se inicia recién a principios del siglo 19 cuando se fundaron las yeshivot que hoy conocemos. Más irónico aún es que la comunidad ultra ortodoxa se considera a sí misma la única y verdadera expresión de lo que es la religión judía, y lo patético es que muchos seculares aceptan esa definición.

La Torá menciona varias veces (Éxodo 20:9-11, Éxodo 34:21, Deuteronomio 5:13) que “debemos trabajar seis días y descansar el sétimo, el Shabbat que es un día sagrado para Dios”. La importancia de guardar el Shabbat es innegable, y, como dijo Ajad Ham, “el sábado ha guardado más a los judíos, que los judíos han guardado el sábado”. Pero eso no debe equivaler a ignorar la primera parte del mandamiento, que nos comanda a trabajar seis días.

Los sabios mencionados en el Talmud no sólo estudiaban y enseñaban los libros sagrados sino que todos ellos, sin excepción, trabajaban para mantenerse a sí mismos y a sus familias. Hillel, antes de ser presidente del Sanedrín, era leñador. Shammai era albañil. Abba Jilkiyah era trabajador de campo. Yojanán ben Zakai fue un comerciante durante 40 años, Abba Shaul cavaba tumbas. Shimon Pkuli comerciaba en algodón. Yosi ben Jalafta era tintorero. Yojanán HaSandlar era zapatero. Abba ben Zavina era sastre. Yannai tenía un viñedo. Huna criaba vacas. Karna era especialista en vinos, Aba bar Aba comerciaba en seda. Su hijo Mar Shmuel era médico, al igual que lo fue el más grande rabino de la Edad Media, Maimónides.

Rashi, el más grande comentarista del Talmud, dijo “Toda persona debe tener una ocupación, porque sin trabajo no hay Tora.”

La comunidad ultra ortodoxa tiene grandes cualidades que los seculares harían bien en seguir: su cohesión social y familiar y su devoción al estudio. Algunos de sus miembros han fundado organizaciones maravillosas que benefician a toda la sociedad, entre ellas Yad Sara y Zaka.

Pero esa comunidad también tiene aspectos que dañan a la sociedad en general: su falta de identificación con el logro más grande del pueblo judío en los últimos dos mil años: la creación de un Estado judío; su preferencia de seguir las instrucciones y ordenes de sus rabinos aun cuando estas contradicen las disposiciones del gobierno y de las autoridades médicas; su ciega obediencia a sus líderes religiosos que impide a los individuos pensar por su cuenta; su desdén a los estudios de ciencias, matemáticas e inglés.

No es, por lo tanto, sorpresa que esa comunidad que es el 12% de la población del Estado, constituya hoy el 40% de los infectados en Israel por el virus.

Nota.- Cada vez que escribo o menciono a los ultra ortodoxos no falta alguien que me tacha de antisemita o, por lo menos, obsesionado con el tema de los “jaredim”. Generalmente eso termina en un intercambio de opiniones, cada vez más subidas de tono (en ambos lados) y culmina en que él (o ella) o yo nos bloqueamos mutuamente. No obstante, aun sabiendo que corro ese riesgo, publiqué lo que va arriba en mi página de Facebook.


Alguien pidió a Dios que me castigue

No pasó mucho rato, tal vez sólo media hora o poco más, y alguien comentó mi artículo “Los ultra-ortodoxos y la religión judía”. Escribió lo siguiente en mi página de Facebook:

Basura de artículo. ¡Antisemita! D-s te castigue por injuriar judíos auténticos dedicados al servicio divino.

El pedido de este auto titulado “judío auténtico” (según él, todos los que no comparten su estilo de vida, sus costumbres, sus convicciones, somos “judíos falsificados”) a Dios no me ha quitado el sueño.

Estoy convencido de que no es probable que ese individuo, consumido por un injustificado complejo de superioridad logre convencer a Dios para que me castigue. También creo, con emuná shlemá, que Dios tiene cosas más importantes que castigarme por expresar mi opinión de que muchos de los jaredim no siguen el ejemplo de los rabinos del Talmud que, no solo estudiaban y enseñaban los libros sagrados, sino que también trabajaban y mantenían a sus familias.


Es cuestión de definición

Uno de los principios básicos de la religión judía es “pikuaj nefesh,” la santificación y preservación de la vida humana. Este principio anula cualquier otra regla religiosa, (excepto tres prohibiciones: idolatría, asesinato y perversión sexual). Cuando la vida de una persona está en peligro, los otros mandamientos de la Torá se vuelven inaplicables.

El número de muertos en Israel por el virus Corona se aproxima ya a casi 2,000. Muchos de los que estuvieron enfermos, aunque ya no tienen el virus, sufren de efectos posteriores.

Los médicos y las autoridades de los Ministerios de Salud en Israel y en todos los otros países del mundo recomiendan usar máscaras y mantener una distancia de un mínimo de dos metros entre las personas.

En el caso de la comunidad ultra ortodoxa en Israel y en Nueva York un gran porcentaje de sus miembros no cumple con esas medidas, y el resultado es un número de infectados mucho mayor a su porcentaje en la población general.

Reconozco que cualquier estudiante de Yeshiva, y, por supuesto, sus líderes religiosos, saben, mucho mejor que yo, la importancia preponderante de “pikuaj nefesh”, pero aparentemente no lo toman en cuenta, y, en las sinagogas, yeshivot, entierros y celebraciones, muchos de ellos no usan máscaras y no mantienen la mínima distancia prescrita. Esto para mí era inexplicable.

Recién hoy entendí a qué se debe lo que para mí era difícil de entender. El periódico Jerusalem Post, en su primera página, menciona una entrevista que el rabino Pinjas Friedman, uno de los más importantes líderes de la comunidad ultra ortodoxa, dio al periódico Hamajane Hajaredi. En esa entrevista el rabino menciona la importancia fundamental de “pikuaj nefesh” pero explica que este principio se debe interpretar en dos formas distintas: proteger el cuerpo físico de la persona o proteger su alma, (la palabra hebrea “nefesh” significa “persona” y también “alma”).

El rabino Friedman explicó que en la primera cuarentena, hace algunos meses, las yeshivot y las sinagogas fueron cerradas. Cuando el gobierno, (en un prematuro exceso de optimismo), anuló las prohibiciones, muchos estudiantes de las yeshivot ya no regresaron a sus estudios. Por lo tanto, dijo el rabino Friedman, “hay que tomar en cuenta que salvar el cuerpo físico de la persona puede causar la pérdida de su alma. Y el alma es infinitamente más preciosa que el cuerpo.”

Como ven, es cuestión de definición.

El Sionismo y sus opositores judíos

El Sionismo es, simultáneamente, la ideología de autodeterminación del pueblo judío y un movimiento político que propuso, desde sus inicios a fines del siglo 19, el establecimiento de un Estado para el pueblo judío en Israel, su territorio ancestral.

Es indudable, a juzgar por los logros del Sionismo, (la economía de Israel es superior a la de muchos países europeos, increíbles éxitos en medicina, agricultura, desalinización del agua del mar para convertirla en potable, y su alta tecnología que han beneficiado a toda la humanidad, el número desproporcionado de sus Premios Nobel, la resurrección del hebreo como lengua viva, el alto puesto de Israel en el rango de felicidad de los países), que ha tenido y sigue teniendo un éxito fenomenal.

Su comienzo, cuando sólo 200 personas atendieron el Primer Congreso Sionista convocado por Teodoro Herzl en agosto de 1897, a pesar de la profecía de su visionario fundador, que en 50 años habría un Estado judío, no fue auspicioso.

Durante las dos primeras décadas del siglo 20, más de un millón de judíos europeos emigraron a los Estados Unidos y solo unos pocos miles a Palestina, (nombre que los romanos en el siglo 2 habían dado a la Tierra de Israel en su esfuerzo fracasado de romper los vínculos del pueblo judío con su patria ancestral).

En el curso de las siguientes décadas predominaron otras ideologías en el pueblo judío que se oponían al sionismo. Los ultra ortodoxos consideraban que el sionismo era una herejía, una rebelión contra Dios. Los que querían asimilarse y/o convertirse se oponían a que los judíos se considerasen un pueblo. Los socialistas del Bund querían que los judíos se quedasen en los países europeos y luchasen por los derechos de los trabajadores.

Hoy, como demostración viva del éxito del Sionismo, una mayoría del pueblo judío vive en Israel. La segunda comunidad en tamaño, la de Estados Unidos, debido a los matrimonios mixtos (más del 50%) y a la falta de educación judía, está en camino de reducirse, y tal vez desaparecer, si las cosas no cambian, en dos o tres generaciones.

En la actualidad, como siempre ha sido desde sus inicios, los principales opositores del sionismo son judíos. En un extremo están los fanáticos ultra ortodoxos de Naturei Karta que exigen la destrucción de Israel por considerarlo una blasfemia, y no tienen reparos en apoyar a Irán en su intención de exterminar al Estado judío. En el otro extremo, están los ultra liberales de izquierda, (“Jews for Peace,” “If not now”, y otros) que exigen la auto determinación para los palestinos (árabes que así se identifican desde 1964) pero se la niegan a los judíos.

Uno de esos intelectuales judíos liberales, un individuo llamado Peter Beinart, publicó en el New York Times un artículo titulado “Yo ya no creo en un Estado judío,” en el cual propone desmantelar el Estado judío de Israel y reemplazarlo por un Estado único idílico donde vivirán judíos y palestinos en un paraíso de amor fraternal y comprensión mutua.

Dudo que el New York Times publicaría un artículo titulado “Yo ya no creo en Taiwán” proponiendo que se una a China, o “Yo ya no creo en Irlanda” proponiendo que se una a Gran Bretaña. Pero, tratándose de Israel, el periódico no tiene inconveniente en propagar artículos que piden el exterminio del Estado judío.

Existe una relación proporcional entre la distancia que un comentarista vive de Israel y su convicción de que él sabe mejor que los israelíes lo que es bueno para ellos. A mayor distancia, mayor convencimiento de que la inteligencia, sabiduría, ética y moral del comentarista es incomparablemente superior a la de los israelíes.

No tengo la dirección electrónica de Beinart. Si la tuviese, le enviaría mi comentario en ingles, “Nobody in Israel gives a sh.t about your opinion.”

FUENTE:

https://www.nytimes.com/2020/07/08/opinion/israel-annexation-two-state-solution.html


Las tácticas palestinas y sus resultados

Comenzaré definiendo dos conceptos:

a) Estrategia es el plan global para lograr un objetivo.
b) Tácticas son las diversas acciones que forman parte de la estrategia.

El objetivo de la estrategia palestina ha sido expresado claramente en la constitución de Hamas, y en las numerosas declaraciones de los líderes palestinos. Es la destrucción del Estado judío y su sustitución por un Estado árabe que se extenderá del rio Jordán al Mar Mediterráneo.

La estrategia se basa en los conceptos islámicos de la división del mundo entre “Dar al-islam” (territorios controlados por el Islam) y “Dar al-harb,” frase que se traduce como “territorio de guerra” y se refiere a territorios que aún no son controlados por el Islam. Si un territorio ha estado en el pasado bajo control islámico (por ejemplo, Israel y Andalucía) el objetivo es retornar ese control.

Algunas de las tácticas palestinas se basan en el principio islámico de “Taqiyya” que permite mentir cuando esto va en beneficio del Islam con el objeto de ganarse la confianza de los no musulmanes con el fin de debilitarlos y derrotarlos. Está fundamentado en varios versos del Corán, (3:54, 7:99, 8:30. 10:21, y 13:42).

El ejemplo más notorio de “Taqiyya” es el Acuerdo de Oslo, firmado por Yasser Arafat en 1993, por el cual la organización OLP se comprometió a reconocer a Israel y a abstenerse de cometer acciones de terror. Pocos meses después, el 10 de mayo de 1994, Arafat dio un discurso en una mezquita de Johannesburgo, Sud África. Sin su conocimiento, lo grabaron diciendo “Considero que este acuerdo es similar al que firmó nuestro profeta Mohammed con la tribu Koraish, y ustedes recordarán que el Califa Omar lo consideró una tregua despreciable.”

(Para quienes no están enterados de ese incidente, Mahoma había firmado un trato con la tribu Koraish que controlaba Meca, por el cual recibió permiso durante diez años de rezar en el santuario. Dos años despues, cuando Mahoma ya era mucho más fuerte anuló unilateralmente el acuerdo y conquistó Meca. Es decir, que Arafat se reservaba el derecho de anular unilateralmente el Acuerdo de Oslo cuando le fuera conveniente. El gobierno de Israel recibió copia de la grabación pero prefirió no tomar ninguna acción al respecto).

Siguiendo el mismo principio de “Taqiyya”, los palestinos han inventado calumnias, algunas de ellas tan absurdas que son ridículas. Una de ellas fue atribuir la epidemia de histeria de niñas palestinas que ocurrió en abril de 1983* a que los israelies las habían envenenado. La mas duradera y popular calumnia de los palestinos contra Israel, calumnia que les es sumamente util para incitar el odio y la violencia, es la que inventó el Gran Mufti de Jerusalen Amin Al Husseini hace cien años, y que actualmente es expresada por Mahmoud Abbas: los israelíes quieren destruir la mezquita Al Aqsa.

Los palestinos inventaron la táctica de secuestrar aviones, y lo hicieron durante varios años hasta que las aerolíneas y los aeropuertos impusieron medidas de seguridad, que aunque son una inconveniencia para los pasajeros, evitan dar oportunidad a los terroristas.

El Acuerdo de Oslo es la única táctica que ha dado resultado a los palestinos hasta este momento. Casi todas sus otras tácticas han fracasado y empeorado su situación.

Su rechazo al Plan de Partición del año 1947 les costó tener un Estado. Su pedido en 1948 a los países árabes vecinos para que invadan y destruyan a Israel resultó en que cerca de 700,000 árabes palestinos se volviesen refugiados en otros países. El reverso de la moneda, es que cerca de un millón de judíos cuyos antecesores habían vivido en el Medio Oriente, desde aún antes de la conquista árabe, también llegaron como refugiados a Israel. Israel los aceptó con los brazos abiertos y logró con gran éxito que todos esos refugiados judíos que llegaron con sólo las ropas que tenían puestas se convirtieran en ciudadanos que, con su trabajo e iniciativa, contribuyen al bienestar de la sociedad israelí. En contraste, los países árabes vecinos, con excepción de Jordania, se negaron a asimilar a los refugiados en su sociedad, y los mantuvieron, hasta el día de hoy, en campos de refugiados exigiendo su retorno a Israel como arma demográfica de destrucción del Estado judío.
En Israel no hay un solo judío que se considere refugiado, mientras que el numero de palestinos, gracias a una disposición sui generis, aumenta de año en año, con los hijos, nietos y bisnietos heredando de sus antepasados el estatus de refugiado, caso único que no ocurre con ningún refugiado de otros países.

Generalmente, las nuevas tácticas palestinas son contrarrestadas y neutralizadas por Israel. Disparar miles de cohetes a poblaciones civiles israelíes dio como resultado que Israel crease el sistema de la Cúpula de Acero. Los túneles de terror que Hamás construyó a un costo de millones de dólares han sido destruidos.

La Guerra del Terror (también llamada Segunda Intifada, del 2000 al 2004) iniciada por Arafat en setiembre del 2000, semanas después de haber rechazado la oferta del presidente Clinton y de Ehud Barak de tener su Estado con las fronteras del armisticio de 1949, costó mas vidas a los palestinos que a los israelíes. El resultado fue que Israel ya no permite a los habitantes de Gaza venir diariamente a trabajar en Israel, con lo cual mantenían a cientos de familias. Hoy los palestinos de Gaza ya no tienen esa fuente de ingresos.

La campaña de Boicot, Desinversión y Sanciones, (aparte de permitir anualmente a los antisemitas expresar su profundo odio a Israel y a los judíos) fue un fracaso. La economía de Israel ha progresado y sigue progresando, y su ingreso per cápita ha sobrepasado a la de varios importantes países europeos.

La campaña palestina de aislar diplomáticamente a Israel también es un fracaso. Hoy Israel mantiene relaciones diplomáticas oficiales con cuatro países árabes y no oficiales con otros.

Einstein, en una de sus celebres frases, dijo “hacer siempre lo mismo y esperar resultados distintos, es una locura.”

Los palestinos continuarán sumidos en el odio y en el revanchismo si no cambian su estrategia, su objetivo y sus tácticas.

La solución para los palestinos es muy sencilla: aceptar la existencia y legitimidad de Israel como Estado judío, y abandonar el terror. Si realmente son sinceros, se sorprenderán de lo que Israel aceptaría para lograr una real paz.

Reflexiones acerca de mi libro “Largo fue el camino”

Mi libro, “LARGO FUE EL CAMINO,” recientemente publicado por Amazon.com en versión digital e impresa, y enrolado por esa empresa en un certamen literario, tiene dos temas en uno. El tema más evidente es la historia de la familia Klausner. El trasfondo es la historia de los triunfos y tragedias del pueblo judío, desde fines del siglo 19 hasta hoy, cuyos eventos históricos tuvieron enorme influencia sobre las vidas de los miembros de la familia Klausner.

El libro es la historia de varias generaciones de la familia Klausner, narrado por intermedio de cartas que los miembros de la familia, que viven en diversos países y diversas épocas escriben uno al otro relatando sus vivencias y los acontecimientos. Luego de pasar por las terribles experiencias del pueblo judío durante el siglo 20, los sobrevivientes logran rehacer sus vidas, formar familias, y tratar en lo posible de ser felices.

A la vez, “LARGO FUE EL CAMINO” es un libro de la historia del pueblo judío, desde fines del siglo 19 hasta nuestros dias, expresado a través de las notas a pie de página que mencionan y explican los hechos históricos.

Hay numerosos incidentes en la historia de la familia Klausner que me he prestado de la historia de mi propia familia. El apellido Klausner es el apellido materno de mi padre. Al igual que uno de los personajes del libro, mi padre se llamaba Morris, su padre se llamaba Hersh, tenía una hermana llamada Ilse que se casó con un señor llamado Harry Postrong y emigró a los Estados Unidos. La hermana menor de mi padre al igual que la hermana menor del personaje Morris Klausner, murió trágicamente cuando era niña, no de la epidemia de influenza sino de quemaduras de una vela que le prendió el vestido

Mi abuelo Hersh, representado en el libro por Hersh Klausner, nació en un shtetl, tenía una pequeña sastrería, no en Múnich sino en Frankfurt. Cuando llegó a Lima abrió una sastrería en la calle Palacio, al costado del Palacio de Gobierno. La mención de que el presidente Prado fue su cliente y que Hersh tenía colgada una foto de él midiéndole la entrepierna al presidente, tal vez haya sido realidad, pero más probable es que sea fruto de mi imaginación.

Lo de la visita del Ministro de Industrias y Comercio Pinjas Sapir a Lima donde convenció a un número de judíos a invertir en una fábrica textil en la Galilea y logro que las dos facciones en que se había dividido la comunidad amisten es real.

El hecho de que mi padre paso meses trabajando en la fábrica de Afula también es cierto.

El pequeño departamentito en la calle San Jacinto en Lima, la rivalidad entre mi mama y su suegra por la demasiada cercanía, la mudanza a una casa más amplia en la calle Carhuaz, todo eso es cierto.

Lo que no es cierto lamentablemente que alguien de mi familia haya vendido un start up por cientos de millones. Tampoco es cierto, gracias a Dios, que alguien de mi familia (aunque, trágicamente, si el hijo de nuestro vecino) murió en defensa de Israel.

Nadie en mi familia conoció personalmente a Herzl, Freud o a Begin, lo cual si ocurrió a los miembros de la familia Klausner.

Tampoco tenemos un pariente cuyo hijo, para casarse con la hija de un general austriaco, se convirtió. El general consuegro del personaje Yaacov Klausner es real, pero no sé si tuvo una hija o si esta se casó con un judío convertido como ocurre en mi libro.

Ninguno de mi familia voló en pedazos en el atentado del Sendero Luminoso en la calle Tarata, en Miraflores, Lima, pero una propiedad nuestra en la Avenida Larco sufrió fuertes daños.

Uno de mis lectores envió un comentario a Amazon calificando al libro de “Obra Maestra”. Otro escribió “El mejor libro sobre una familia judía que he leído en mi vida.”

Si lo bajas de Amazon, podrás decidir por ti mismo, en cuyo caso te agradeceré que envíes tu comentario imparcial y franco a Amazon.

 

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